Posts Tagged ‘Eduardo Galeano’

…las manos de su gente.

enero 29, 2010
 
 Todo futuro es fabuloso.
 
ALEJO CARPENTIER
 
 
 
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.
 
Eduardo Galeano
 

 

 Mis palabras son de agradecimiento. La Fundación José Saramago tuvo una idea, loable por definición, pero que podría haber entrado en la historia como una buena intención, una más de las muchas con que, dicen, está pavimentado el camino del infierno. La idea era editar un libro. Como se ve, nada original, por lo menos en principio, que libros no nos faltan. La diferencia estriba en que el producto de la venta de éste se va a destinar a las victimas sobreviviente del terremoto de Haití. Cuantificar tal ayuda, por ejemplo, en la renuncia del autor a sus derechos y en una reducción del lucro normal de la editorial, tendría el grave inconveniente de convertir en mero gesto simbólico lo que debería ser, en la medida de lo posible, algo provechoso y sustancial. Ha sido posible. Gracias a la inmediata y generosa colaboración de las editoriales Caminho y Alfaguara y de las entidades que participan en la elaboración y difusión de un libro, desde la fábrica de papel a la tipografía, desde el distribuidor al comercio librero, los 15 euros que el comprador gastará serán entregados íntegramente a la Cruz Roja para que los haga llegar a su destino. Si alcanzáramos un millón de ejemplares (el sueño es libre) serían 15 millones de euros de ayuda. Para la calamidad que ha caído sobre Haití 15 millones de euros no es nada más que una gota de agua, pero como La balsa de piedra (éste es el libro elegido) será publicada, además de en Portugal, en España y en el mundo hispánico de América Latina, ¿quién sabe lo que podrá suceder? A todos los que nos acompañan en la concretización de la idea primera, haciéndola más rica y efectiva, nuestra gratitud, nuestro reconocimiento para siempre.

 
Fuentel El Cuaderno de Saramago 
 
 
 
 
Haití: La maldición blanca
 
Eduardo Galeano
 
El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Aristide.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.
Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.
Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos.
De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
–¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?
–El anterior.
–Pues, que se restablezca.
Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados.
Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad.
Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar.
En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública.
La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años.
Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe.
Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.
Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso.
Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes.
En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares.
Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

 
 
Vía l El sanatorio de las lagartijas
 
 
 FJSaramago

Contra las 65 horas ( kaosenlared.net )

agosto 16, 2008

 

Desde el punto de vista de las estadísticas, si una persona recibe mil dólares y otra persona no recibe nada, cada una de esas dos personas aparece recibiendo quinientos dólares en el cómputo del ingreso percápita.
Desde el punto de vista de la lucha contra la inflación, las medidas de ajuste son un buen remedio. Desde el punto de vista de quienes las padecen, las medidas de ajuste multiplican el cólera, el tifus, la tuberculosis y otras maldiciones
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“Patas Arriba” 
“La escuela del mundo al revés”
Eduardo Galeano

Vía I kaosenlared.net

                  

 

Manifiesto de adhesión
Contra las 65 horas: Calendario actualizado Asambleas Populares Locales
  Zona reservada a info y artículos sobre la
Directiva de la UE en la web Rebelión
CGT contra la directiva de la UE sobre la jornada laboral de hasta 65 horas
Autobuses de Barcelona contra la directiva de las 65 horas
Contra las 65 Horas: Primeras Asambleas Populares Locales
La permanente del comité de empresa de TMB se adhiere a la campaña contra la Directiva de las 65 horas
[BCN] Autoconvocatoria unitaria contra la directiva europea de las 65 horas

…a utopía non é un soño…

agosto 2, 2008

XI Congreso do Partido dos Socialistas de Galicia

“Gracias …a todos e todas os que me pararon polos pasillos para felicitarme…o discurso non é meu…tamén é voso…é de todos aqueles que cada día defenden os nosos valores…de todos os que son e se sinten socialistas…dos que creen que hai que combatir a desmemoria….dos que son socialistas non para amar en silencio as súas ideas…como dicía Pablo Iglesias…”

                                                                      Loli Rodríguez

         Sª Xeral das Xuventudes Socialistas de Galicia

…a utopìa non é un soño, é unha verdade prematura…

 

Loitando contra a desmemoria, mirando ó futuro
Bitácora de Loli Rodríguez, blog de loli
Bos días compañeiras e compañeiros.
En primeiro lugar gustaríanos agradecerlle ó Partido dos Socialistas de Galicia que, como organización xuvenil e irmá do partido, nos teña invitado a dirixirvos unhas palabras na inauguración deste Congreso. Gracias, compañeiros e compañeiras e permitídeme, antes de nada, desexarnos un bo congreso.Congreso que é unha xuntanza das e dos socialistas galegos para definir quen somos e cara onde imos. Qué queremos, qué soñamos, e tamén para reflexionar sobre o que esperan de nós os galegos e as galegas, os e as socialistas que aínda que non formen parte activa deste partido, comparten a nosa visión do mundo. É a ocasión de demostrar ata que punto estamos comprometidos cos valores do socialismo.
Un congreso é a data que marca o calendario para afondar naquelo que nos une como socialistas, que nos define como tales. É tamén o momento de abrirlle as portas á sociedade e contarlle porqué somos socialistas, qué defendemos, porqué militamos no Partido Socialista e porqué lles pedimos a súa confianza.
É o momento de abrir o corazón, de demostralle ó mundo que ser socialista significa crer e defender a igualdade. Principalmente igualdade entre todas e todos os cidadáns, e particularmente entre homes e mulleres. Porque é imposible acadar igualdade en ningún ámbito mentres a metade do xénero humano viva un escalón por debaixo.
Nós, os e as socialistas, temos que ser quen de comprometernos sen complexos coa causa feminista e con cada unha das mulleres que sofren a discriminación no seu día a día, no seu traballo, na súa vida. Temos que dicirlle á sociedade que para os socialistas as mulleres hai tempo que deixaron de ser a filla de, a nai de ou a muller de…
Igualdade é non discriminación, non discriminación porque o meu sexo, a miña capacidade económica, a miña idade, a miña raza, a mina orientación sexual non deben, xamáis, limitar o exercicio dos meus dereitos. Iso é socialismo.
Os Congresos, compañeiras/os, son tamén o mellor momento para facer un exercicio de retrospección. Os congresos teñen que servir para mirar cara adiante, pero tamén para recibir un antídoto contra a desmemoria. Para saber a onde imos, compañeiras/os, temos que ter claro de onde vimos.
Temos 129 anos de historia que nos falan de sacrificio, de esperanza, de logros, de traballar por un mundo libre sen donos nin escravos, sen cidadáns de primeira e cidadáns de segunda. 129 anos dos que sentírmonos orgullosos. Orgullosos de ter sido o partido dos dereitos, o partido dos humildes, dos desamparados, o partido da ilusión. Mirar atrás para nós e seguir a senda da democracia, do sufraxio universal, da educación e a sanidade universais, de Pablo Iglesias, da Unión Xeral de Traballadores, da II República. Iso forma parte do orgullo militante.
Temos que honrar a memoria dos que arriscaron a súa vida para que a sociedade na que vivimos fora de todas e todos, e non só duns poucos. Temos que honrar a memoria dos que deron a súa vida por defender a liberdade, por defender que para os socialistas as persoas son o primeiro, o segundo e o terceiro. Contarlles que onde houbo loita polos dereitos das persoas, pola dignidade, pola liberdade…houbo un socialista poñendo o mellor de sí mesmo, o mellor de sí mesmo e moitas veces a súa vida.
Somos a testemuña da irreverencia da liberdade e temos a obriga de non esquecelo, de curarnos da desmemoria. Temos a obriga de levar a cabeza ben alta. Porque ter un carné cunha rosa e un puño gravados non só significa sentirse socialistas, senón tamén defender os valores do republicanismo, do laicismo, do federalismo, do galeguismo, da solidariedade…de sentirnos orgullosos de construir un mundo que non entende de privilexios, un mundo que constrúe dereitos.
Como partido temos tamén que ser conscientes de que temos que conectar cos soños das e dos cidadáns que tamén cren nese mundo. Temos que romper co descrédito que moitos cidadáns senten hacia a política e os politicos e chegar a eles. Dicirlles que pensamos coma eles, que sentimos coma eles e que precisamos da súa implicación.
Temos que dicirlles, que se hai algo que non lles gusta….se movan para cambialo. Porque o que non se equivoca nunca é o que nunca fai nada. E para conseguilo temos que facer un exercicio de autocrítica, temos que avaliar se somos quen de transmitir as nosas ideas e valores. Temos que escoitar para ser escoitados. Porque senón facemos isto, estaremos falando nun atril engrandecidos dos nosos logros… pero non haberá ninguén para nos escoitar.
Eduardo Galeano dixo unha vez que cando ves a utopia no horizonte e das un paso para achegarte a ela esta se alonxa, que das outro máis e se alonxa ese pouquiño que avanzaches, que das outro e volve a alonxarse. Para que serve entón? se preguntou, me pregunto. Pois serve para seguir avanzando compañeiros e compañeiras.
Reflexionemos, debatamos e sexamos quen de dicirlle ó mundo que os e as socialistas de Galicia temos obxetivos, valores, propostas, ideas…e ideais. Digámoslles ós galegos e galegas, os mozos e mozas galegos que, se cadra, a utopía non é un soño…é unha verdade prematura.
Digámoslle coas nosas enmendas, cos nosos proxectos que, como dixo o brasileiro Raúl Seixas, un soño que se soña só é só un soño, un soño que soñamos xuntos é unha realidade.
Saúde compañeiros e compañeiras, bo congreso e boa sorte.
 
El discurso de Dolores Rodríguez
Bítácora de José Luis Prieto , El Blog de José-Luis Prieto
Buenos días, compañeras y compañeros.
En primer lugar nos gustaría agradecer al Partido de los Socialistas de Galicia que, como organización juvenil y hermana del partido, nos haya invitado a dirigiros unas palabras en la inauguración de este Congreso. Gracias, compañeros y compañeras, y permitidme, antes de nada, desearnos un buen Congreso.
Congreso que es una reunión de las y de los socialistas gallegos para definir quién somos y hacia dónde vamos. Qué queremos, qué soñamos, y también para reflexionar sobre lo que esperan de nosotros los gallegos y las gallegas, los y las socialistas que aunque no formen parte activa de este partido, comparten nuestra visión del mundo. Es la ocasión de demostrar hasta que punto estamos comprometidos con los valores del socialismo.
Un congreso es la fecha que marca el calendario para ahondar en aqullo que nos une como socialistas, que nos define como tales. Es también el momento de abrirle puertas a la sociedad y contarle por qué somos socialistas, qué defendemos, por qué militamos en el Partido Socialista y porqué pedimos su confianza.
Es el momento de abrir el corazón, de demostrar al mundo que ser socialista significa creer y defender la igualdad. Principalmente igualdad entre todas y todos los ciudadanos, y particularmente entre hombres y mujeres. Porque es imposible conseguir igualdad en ningún ámbito mientras la mitad del género humano viva un escalón por debajo.
Nosotros, los y las socialistas, tenemos que ser quien hemos de comprometernos sin complejos con la causa feminista y con cada una de las mujeres que sufren la discriminación en su día a día, en su trabajo, en su vida. Tenemos que decirle a la sociedad que para los socialistas las mujeres hace tiempo que dejaron de ser “la hija de”, “la madre de” o “la mujer de”…
Igualdad es no-discriminación, no-discriminación porque mi sexo, mi capacidad económica, mi edad, mi raza, mi orientación sexual no deben, jamás, limitar el ejercicio de mis derechos. Eso es socialismo.
Los Congresos, compañeras y compañeros, son también el mejor momento para hacer un ejercicio de retrospección. Los Congresos tienen que servir para mirar hacia delante, pero también para recibir un antídoto contra la desmemoria. Para saber adónde vamos, compañeras y compañeros, tenemos que tener claro de dónde venimos:
Tenemos 129 años de historia que nos hablan de sacrificio, de esperanza, de logros, de trabajar por un mundo libre sin dueños ni esclavos, sin ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. 129 años de los que sentirnos orgullosos. Orgullosos de haber sido el partido de los derechos, el partido de los humildes, de los desamparados, el partido de la ilusión. Mirar atrás para nosotros es seguir la senda de la democracia, del sufragio universal, de la educación y la sanidad universales, de Pablo Iglesias, de la Unión General de Trabajadores, de la II República. Eso forma parte del orgullo militante.
Tenemos que honrar la memoria de los que arriesgaron su vida para que la sociedad en la que vivimos fuera de todas y todos, y no solo de unos pocos. Tenemos que honrar la memoria de los que dieron su vida por defender la libertad, por defender que, para los socialistas, las personas son lo primero, lo segundo y lo tercero. Contarles que donde hubo lucha por los derechos de las personas, por la dignidad, por la libertad… hubo un socialista poniendo lo mejor de sí mismo, lo mejor de sí mismo y muchas veces su vida.
Somos el testimonio de la irreverencia de la libertad y tenemos el deber de no olvidarlo, de curarnos de la desmemoria. Tenemos el deber de llevar la cabeza bien alta. Porque tener un carné con una rosa y un puño grabados no sólo significa sentirse socialistas, sino también defender los valores del republicanismo, del laicismo, del federalismo, del galleguismo, de la solidaridad… de sentirnos orgullosos de construir un mundo que no entiende de privilegios, un mundo que construye derechos.
Como partido tenemos también que ser conscientes de que tenemos que conectar con los sueños de las y de los ciudadanos que también creen en ese mundo. Tenemos que romper con el descrédito que muchos ciudadanos sienten hacia la política y los politicos y llegar a ellos. Decirles que pensamos como ellos, que sentimos como ellos y que precisamos de su implicación.
Tenemos que decirles, que si hay algo que no les gusta… se muevan para cambiarlo. Porque el que no se equivoca nunca, es el que nunca hace nada. Y para conseguirlo tenemos que hacer un ejercicio de autocrítica, tenemos que evaluar si somos capaces de transmitir nuestras ideas y valores. Tenemos que escuchar para ser escuchados. Porque si no hacemos esto, estaremos hablando en un atril engrandecidos de nuestros logros… pero no habrá nadie para escucharnos.
Eduardo Galeano dijo una vez que cuando ves la utopía en el horizonte y das un paso para acercarte la ella, ésta se aleja, que das otro más y se aleja ese poquito que avanzaste, que das otro y vuelve a alejarse. ¿Para que sirve entonces? se preguntó, me pregunto. Pues sirve para seguir avanzando, compañeros y compañeras.
Reflexionemos, debatamos y seamos capaces de decirle al mundo que los y las socialistas de Galicia tenemos objetivos, valores, propuestas, ideas… e ideales. Digamos a los gallegos y gallegas, los chicos y chicas gallegos que, a lo mejor, la utopía no es un sueño… es una verdad prematura.
Digámosles con nuestras enmiendas, con nuestros proyectos que, como dijo el brasileño Raúl Seixas, un sueño que se sueña solo es sólo un sueño, un sueño que soñamos juntos es una realidad.
Salud, compañeros y compañeras, buen congreso y buena suerte.

 

Visto en NetoRatón 2.0, 
Congreso del PSdG (IV): Loli Rodríguez y Mar Barcón